jueves, 19 de septiembre de 2013

Cambio de planes

El viernes pasado empecé clases en un ciclo de impresión en artes gráficas. Iba a hacer algo que ni me llamaba la atención, ni me motivaba, ni me gustaba.

El día empezó con mal pie. Reunión en la sala de actos, con cientos de caras desconocidas, gente agrupándose y charlando alegremente, y mi hermana y yo en un rincón, abandonadas. Me preguntaba todo el rato qué hacía allí, dónde me había metido. Empezaron los ataques de ansiedad y de pánico, y sólo tenía ganas de llorar y de salir corriendo de ese antro. Miraba a mi hermana y sabía que ella se sentía igual. Lo primero que pensé: "El lunes no vuelvo".

Tonta de mí. Empecé esta semana las clases propiamente dichas, y seguía sin encajar. No encontraba mi lugar, no me gustaban las asignaturas, y menos tener que tocar y trabajar con máquinas. Tres días de clase he durado. Tres. El miércoles, al volver a casa, decidí dejar las clases. Era estar allí, rodeada de gente desconocida, sintiéndome fuera de lugar, y sentía impotencia. Estaba todo el día con ansiedad, deseando que llegara la hora de irme a casa y estar tranquila. Y una, así, en esas condicienos, no puede estar. Ir a una clase y no sentirse bien y pasarlo mal todos los días, no.

¿Y qué voy a hacer? Porque otro año "sabático" más no va a ser. Sólo sé que el lunes tengo una visita a un centro donde hacen un ciclo de farmacia, y me han asegurado que puedo incorporarme a las clases, aunque éstas ya hayan empezado. La semana que viene sabré en qué dirección sopla el viento, y qué será de mí en los próximos meses.

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Maira Gall