domingo, 25 de agosto de 2013

Ciudad de Hueso

Hace dos días que empecé a leer Cazadores de Sombra. Un poco tarde, pensaréis. Sí, lo sé. No es que me vayan las modas (y sé que ahora, con la película, este libro lo es) pero yo siempre llego tarde a estas cosas, y cuando me da el venazo, me da (igual me pasó con las sagas Harry Potter y Crepúsculo.)

Quizás en parte tenga la culpa el haber visto por la tele unas cuantas veces el tráiler de Ciudad de Hueso y, sobre todo, Jamie. Jamie tiene la culpa. Este chico ya me gustó cuando vi Sweeney Todd, y una amiga me mencionó, hará cosa de un año y pico, que igual salía en la adaptación cinematográfica de Cazadores de Sombra. Por aquel entonces no le di importancia (y no sé por qué) pero cuando lo vi en la tele dije "¡leches!" Tengo intención de ir a ver la película, así que pensé que antes de que la estrenen en los cines, mejor leerme el libro a ver de qué va.

Lo que no me esperaba es que me fuera a enganchar tanto. Soy ese tipo de personas que leen despacio, y que a veces pierde el tiempo leyendo cosas entre medias y tiene que releerse las cosas por interrumpirse. Pero este libro me atrapó de inmediato. En un día me leí la mitad del libro, dejándome con más ganas de saber y averiguar cómo seguía, qué pasaría, cómo acabaría. Y tengo que admitir que le he cogido cariño a Jace.

Así que nada, me voy a leer (a terminar el libro, ¿puede?) y a esperar al día del estreno para ir a ver la película (¡eso si no se agotan antes las entradas!)

Déjame que lo exponga de este modo. Mi padre creía en un Dios justo. Deus volt, ése era su lema: «Porque Dios quiere». Era el lema de los cruzados, y partieron a la batalla y los masacraron, igual que a mi padre. Y cuando le vi allí, muerto en un charco de su propia sangre, supe entonces que yo no había dejado de creer en Dios. Simplemente había dejado de creer que a Dios le importáramos. Puede que haya un Dios, Clary, y puede que no lo haya, pero no creo que tenga importancia. En cualquier caso, estamos solos.

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Maira Gall